ESTA ES MI HISTORIA PROFESIONAL

Me encanta lo que hago y por eso disfruto dando lo mejor de mi para ayudar a mis clientes

Juan Perán

¿CÓMO LLEGUÉ A HACER LO QUE HAGO?

He trabajado muchos años en compañías de seguros defendiendo sus intereses.

Un día decidí hacerlo para aquellas personas que se ven en la necesidad de reclamar a esas aseguradoras que tan bien conozco.

Aprovecho mi experiencia y conocimientos, ahora, en beneficio de las personas que sufren accidentes o errores y quieren reclamar por ellos.

Las personas que sufren una pérdida material o daños por una actuación médica, sufren mucho -no sólo físicamente- sino sobre todo en lo emocional.

Ese sufrimiento también lo tienen su familiares y todo eso tiene un valor y debe ser indemnizados de manera justa.

De ahí surge la idea de ofrecer un servicio amplio a nuestros clientes, con el firme propósito de restaurar el perjuicio y malestar generado. Para ello ponemos todos nuestros conocimientos, experiencia, profesionalidad y empatía en resolver y subsanar, los perjuicios para el cliente derivados de ese tipo de situaciones.

Mi trabajo es lograr la más elevada indemnización para mis clientes

Buena comunicación, asesoramiento jurídico de calidad, resultados satisfactorios y honorarios justos.

¿Por qué contratarme?

Mi propósito es siempre lograr el mejor acuerdo para mis defendidos evitándoles si es posible, tener que ir a juicio.

Los procedimientos en los juzgados son largos, complicados y cuestan mucho dinero y sufrimiento.

Por eso soy un firme defensor de la mediación y la conciliación.

Si al final es inevitable acudir a los tribunales, te garantizo que te sentirás en todo momento escuchado, respaldado y defendido para conseguir que se reconozca tu derecho.

Consigo arreglos amistosos en el 70% de las ocasiones con indemnizaciones justas.

Principios y Derechos

Me encanta mi profesión y por eso presto mis servicios con absoluta vocación de servicio a mis clientes.</p> <p>Busco siempre ser eficaz y obtener resultados rápidos y favorables en los asuntos que me encomiendan.</p> <p>Al final el beneficio es mutuo pues tengo clientes agradecidos que me traen más clientes.

Juan Perán

Me gusta ayudar a las personas sobre todo, cuando veo que sufren situaciones y conflictos que las hacen sufrir.

No todo el mundo puede ser mi cliente. Para eso tendremos una primera entrevista personal, nos conoceremos y me expondrás tu asunto.

Si lo que me propones es defendible y se genera confianza mutua, me tendrás como tu más firme defensor.

Por el contrario si lo que me propones no lo considero viable te lo diré sin rodeos.

¡Clientes satisfechos con un servicio cercano y de calidad!

Mis clientes, reciben un asesoramiento e información constante de la marcha de su asunto.</p> <p>Soy accesible en todo momento para todo lo que desees consultarme o plantearme.

El Decálogo de la Excelencia Personal

1. Excelencia.– Sobre la base de buena formación, conocimientos, práctica y sabiduría. Sabiduría para actuar bien y obtener el mejor resultado.

2. Exigencia en el desempeño.– No hay calidad personal sin esfuerzo, dedicación, estudio y cuidado en los asuntos de los clientes. 

3. Sinceridad.– La práctica y ejercicio de la Verdad como valor superior y básico en el actuar profesional.

4. Buenas Acciones.– Pensamientos nobles, que conducen a acciones buenas, hábitos adecuados y resultados óptimos.

5. Seguridad.- No existe el temor si se actúa con conocimiento honesto y responsabilidad.

6. Sencillez y Humildad.– El conocimiento y la sabiduría cuando son fidedignos, son humildes. Con esa base, ambos se hacen crecer mutuamente.

7. Confianza.– Como valor fundamental en el actuar humano entre cliente y profesional.

8. Mejora continua.– No puede existir Excelencia sin formación continuada en los conocimientos.

9. Transparencia.– En el procedimiento, la información y la relación con los clientes.

10. Ser mejor cada día.– Como resumen y colofón de todo lo anterior.

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Para ser “buen profesional” se ha de ser “buena persona”

La Eficacia es la capacidad para fijar y alcanzar un objetivo.

Entendemos que el título más valioso al que se puede aspirar en la vida es el de ser “buena persona”. Este título, por supuesto, no se concede en la escuela o en la universidad, sino en nuestro caminar vital. Si nuestros valores son buenos, eso se verá reflejado en nuestras actuaciones. Como en una ocasión dijo Sigmund Freud a su discípulo Erik Erikson, “La capacidad de trabajar y de amar son dos maravillosos indicadores del logro de la madurez plena”.

El buen desempeño en estas dos parcelas vitales se construye fielmente de la mano de nuestra inteligencia emocional. Por ello, como también dijo Howard Gardnerd, “una mala persona no puede llegar a ser un excelente profesional”.

Realmente la bondad personal se observa en la confluencia de una serie de valores que nos ayudan a ser mejores con nosotros mismos y con los que nos rodean. Ser buena persona debería entenderse como un equilibrio de fuerzas basadas en buenos valores y, por ende, en el respeto hacia los demás. Por todo esto, valoramos una serie de  derechos que tengo siempre presentes en mi trabajo con mis clientes y el personal con el que colaboro.

Son los siguientes:

1. Derecho a ser tratado con respeto y dignidad.

2. Derecho a expresar y tener opiniones y sentimientos.

3. Derecho a ser escuchado de manera activa

4. Derecho a que valoren nuestras necesidades, prioridades y respeto a nuestras decisiones

5. Derecho a decir: “NO”.

6. Derecho a expresar una pretensión, aceptando que el interlocutor tiene derecho a decir “NO”.

7. Derecho a cambiar de opinión.

8. Derecho a cometer errores.

9. Derecho a pedir información y ser informado.

1o. Derecho a obtener aquello por lo que pagué.

11. Derecho a ser independiente

12. Derecho a tomar decisiones personales que no afecten los derechos de otras personas.

13. Derecho a tener Éxito y obtener Excelencia

Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional

Así se expresa el padre de las inteligencias múltiples, Howard Gardner. Según este pensador existe una verdad demoledora. Solo las buenas personas pueden llegar a ser excelentes profesionales.

Las malas personas no pueden llegar a serlo nunca, aunque es cierto que pueden llegar a alcanzar pericia técnica.

La bondad y el equilibrio, base de nuestra profesionalidad

Las buenas personas no son prepotentes sino al contrario: son personas pacientes.

La paciencia es la virtud que enmarca la capacidad de dar libertad y margen de error a las personas  con las que nos relacionamos.

Las buenas personas tienen un sentido de la justicia y del bien que es especial. Sus palabras siempre son esperanzadoras y si tienen que elegir, te darán la mejor opción pensando en ti.

Son personas íntegras que van más a allá de las obligaciones morales. Siempre tienden su mano para ayudar. Hacen lo correcto aunque nadie esté mirando y eso, es lo que las hace valiosas.

 “Ninguna buena acción, por pequeña que sea, será una pérdida” (Esopo)